Querido hijo mío

El ser padres es un gran desafío. Las constelaciones familiares pueden ayudar a los padres a reconciliarse con sus propios padres y con su propia infancia, y desarrollar así una mayor sensibilidad hacia sus hijos biológicos construyendo un vínculo sano con ellos. Con esta perspectiva sensible, puede ayudar a los padres a crecer en sus nuevos roles como madre y padre.  La constelación familiar es particularmente útil para los niños con comportamientos que llaman la atención. Puede trabajar orientada en mantener los recursos existentes y así, dar a los niños impulsos para su futuro desarrollo.

Niños y vínculo:

«¡Casi no puedo sentirte!»

…cuando el amor entre padres e hijos flaquea.

Un vínculo sano entre padres e hijos es la base para un buen desarrollo del niño que lleno de confianza encaminará su vida hacia una personalidad sana y estable. Es la base sobre la que el niño construye su vida.

Es un vínculo de apego en el que el amor es vital y palpitante cuando la madre y el padre miran primero a su bebé y luego a su hijo crecido. Pero a veces, este vínculo de apego se rompe y el amor no se siente o se superponen a él sentimientos incómodos.

Las circunstancias externas pueden jugar un papel importante en esto. Quizás la madre y el niño tuvieron que separarse, por un tiempo largo, justo después del parto o más tarde porque uno de ellos se enfermó. Entonces se interrumpió este movimiento del bebé hacia la mamá. Otra situación posible es que hubiese un trauma durante el embarazo, por ejemplo, la muerte del tío querido, o un parto muy doloroso, que hace difícil construir un vínculo entre madre e hijo. Quizás la madre no es capaz de establecer un vínculo con su hijo, o bien uno de los tres está sistemáticamente ligado a otro lugar y no puede entregarse libremente a los otros. Puede haber varias razones para que se dé un bloqueo de este vínculo de corazón.

Los niños provocan a los padres:

«¡Me pones furioso!»

…cuando un niño despierta en sus padres sentimientos negativos fuertes.

Si nosotros como padres reaccionamos de una manera desproporcionada al comportamiento de nuestros hijos, esto puede ser un indicio de las lesiones que hemos sufrido en nuestra propia infancia, precisamente en las mismas situaciones.  Entonces la ira, el dolor o la impotencia de nuestro niño interior herido aflora y se vuelve con toda su fuerza en contra de nuestro hijo, provcándole la misma lesión en el mismo lugar. Así les trasmitimos a nuestros propios hijos aspectos infelices de nuestra niñez. No es tan fácil en esta situación llegar a enfrentarnos a nosotros mismos. Queda al descubierto entonces la vehemencia y la desproporción de nuestra reacción al comportamiento de nuestros hijos. Reaccionamos demasiado frustrados o demasiado enfadados o demasiado estresados con nuestro hijo y luego quizás más tarde nos preguntamos e incluso nos reprochamos la intensidad de esa reacción que hemos tenido.

El niño y su desarrollo:

«¿Cómo puedo ayudarte?»

…cuando los padres sienten que su hijo está angustiado.

A veces, los padres atentos sentimos que nuestro hijo está agobiado. Difícilmente nos calamos y estamos muy preocupados por él. Nos asustamos enseguida si tiene síntomas inofensivos, llega a casa un poco tarde o trepa a un árbol.  Siempre tenemos la sensación de que algo malo va a suceder. Algunos niños tienen simplemente una tendencia a tener accidentes. Otras veces los padres notamos que nuestro hijo es muy pasivo, muy tímido o temeroso, y que va por la vida como a medio gas. Otras veces, notamos que nuestro hijo es inusualmente agresivo, inquieto o parece no sentirse seguro.